Donde termina
el mapa
Los mapas viejos del sur terminaban con una línea temblorosa y una frase honesta: tierra desconocida. Después venía el papel en blanco, que es la manera cartográfica de decir «arreglate».
Mi abuelo cruzó esa línea a los diecinueve, con un caballo prestado y un apellido que todavía era nada. Contaba que al viento del oeste uno lo aprende como se aprende un idioma. Que hay días en que el horizonte se corre y caminás ocho horas para llegar al mismo lugar. Contaba que la primera noche lloró y que se lo guardó cincuenta años, hasta una cocina con la pava al fuego.
En el sur la distancia hace algo raro con la memoria: la guarda entera. Los nombres, las deudas, los que se fueron y los que quedaron del otro lado del paso. Por eso las historias de acá se cuentan despacio. Hay que darle tiempo al frío para que suelte lo que tiene.
La crónica sigue hacia el paso, donde el mapa vuelve a tener nombres…
Fragmento de presentación · La crónica completa entra al Archivo del Sur